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La latencia de una memoria: Reflexiones sobre el Museo Sitio de Memoria ESMA

Reflexiones sobre el Museo Sitio de Memoria ESMA. Ex Centro Clandestino de detención, tortura y exterminio. Buenos Aires, Argentina

Por Francisca Espinosa Muñoz

“El recorrido del detenido-desaparecido.
El detenido-desaparecido era ingresado al centro clandestino y conducido al sótano, dónde se lo sometía a torturas con el objeto de obtener información. Luego del interrogatorio era llevado a los espacios de reclusión ubicados en el tercer piso: Capucha o Capuchita. Una vez que los represores decidían el destino de los prisioneros, los trasladaban nuevamente al Sótano donde, formados en fila, les inyectaban pentotal para adormecerlos antes de los ¨vuelos de la muerte”1

Buenos Aires nos recibía, a mi hermana y a mí, el 10 de mayo de este año con una marcha multitudinaria en la Plaza de Mayo. La zona centro de la ciudad se veía paralizada, con la aprobación de algunos, con el enojo de otros, en función de repudiar y rechazar el llamado 2×1”. La marcha manifestaba el descontento ante el fallo de la Corte Suprema argentina, la cual había aplicado la ley “2×1” derogada hace 16 años a un condenado por violaciones a los DD.HH., Luis Muñía, detenido el 2007 y condenado el 2011 a 13 años de cárcel por haber participado de un grupo paramilitar torturador en la dictadura comandada por Videla desde 1976.

Esta ley establecía que todos los años que un detenido pasaba preso sin condena firme, a partir del tercer año de detención, valían por dos cuando se le diera la sentencia final. Así, lo problemático es que esta ley se aplicaba a un condenado por violaciones a los DD.HH. y no por delitos comunes, lo que podría sentar un mal precedente para los casos que aún quedan por resolver en este tipo de delitos2.

Los juicios y las interpretaciones, los consensos o disensos sobre las significancias del pasado se podían sentir en la discusión pública no solo remitida a los medios, sino también en los colectivos (microbuses) o en los almacenes. Pero además, hay hitos urbanos, espacios, que permiten sumergirnos en el ejercicio duro y brutal de una memoria que, quiérase o no, siempre se deja ver y que aparece como dolorosa y no resuelta. Siempre contingente.

En ese ejercicio de la memoria, el Museo Sitio de memoria ESMA o también conocido coloquialmente como la Ex – ESMA, inaugurado con ese nombre un simbólico 24 de marzo de 2004 por la administración de Néstor Kirchner, se torna un espacio fundamental para comprender el proceso que ha atravesado nuestro vecino país respecto al efecto de la experiencia dictatorial sobre los derechos humanos. De hecho, el día que lo visitamos, en sus rejas habían lienzos que gritaban a propósito del 2×1: “Cárcel común a los genocidas civiles, eclesiásticos y militares”. Asimismo, a la entrada se aprecia una enorme estructura de concreto que señala: “MEMORIA – VERDAD – JUSTICIA. Aquí funcionó el Centro Clandestino de Detención, Tortura y Extermino ESMA”. 

La misión de dar a conocer lo que se hizo en este lugar está presente en cada rincón del recinto y también en los folletos que entregan apenas uno entra. El adverbio “Aquí” se repite como un mantra para no olvidar. Por ejemplo: “Aquí, en la ESMA, estuvieron detenidos-desparecidos cerca de 5.000 hombres y mujeres. Militantes políticos y sociales, de organizaciones revolucionarias armadas y no armadas, trabajadores y gremialistas, estudiantes, profesionales, artistas y religiosos. La mayoría de ellos fueron arrojados vivos al mar”3.

 

Son varios los elementos que hacen potente la experiencia de visitar este enorme recinto, pero por sobre todo destaca el hecho que fue sede de la Escuela Mecánica de la Armada desde el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 hasta el año 1983. Allí, mientras seguían con labores destinadas a revertir violentamente el escenario sociopolítico de la época, además de formar a los futuros integrantes de esta entidad, torturaban a argentinos y a argentinas, mujeres embarazadas parían hijos e hijas de los cuales después no sabrían si habían nacido vivos o muertos. Muchos de esos bebés desparecieron, fueron secuestrados y entregados a otras familias, pero sus abuelas siguen hoy organizadas reclamándolos incansablemente. Incluso, desde allí, desde un sótano, vendaban y trasladaban a sujetos vejados y golpeados que no sabían que iban a ser lanzados al mar desde helicópteros.

Desde que se ingresa al recinto, es posible apreciar intuitivamente la dureza de lo que se será enfentar un recorrido que te lleva por distintas piezas y lugares con múltiples funciones: una para torturas (capuchita y sótano), otras donde mantenían recluidos a los detenidos (capucha), otras para parir, otros como la zona de traslados para “los vuelos de la muerte”. El silencio y la humedad del lugar dejan una sensación bastante complicada de procesar mientras uno transita por aquel espacio.

El recorrido comienza a producir angustia, de hecho, recuerdo que en el tercer piso mi hermana me pidió que no entráramos a una pieza que estaba en la zona cercana a la capucha. Yo tampoco quise seguir. Lo peor fue pensar en las opciones posibles de escape. No las había, era prácticamente imposible.

Si bien al terminar, uno pasa por una sala donde se exhiben los videos de cómo se procesan en tribunales a los violadores de derechos humanos y testimonios de personas que los denuncian, donde da la impresión de que, al menos, después de tanto horror se está haciendo justicia, la experiencia no deja de ser dura. Recuerdo el largo silencio en el que estuvimos luego de que nos fuimos.

Que este es un espacio vivo de memoria lo dejan en claro la cantidad de colegios y escuelas que visitan este lugar. Otro elemento importante es el lenguaje, pues el sitio es llamado en su totalidad “Espacio Memoria y Derechos Humanos”. Además, su relevancia radica en cuanto sigue siendo una evidencia jurídica en los casos que aún se están resolviendo. Por eso, desde un inicio te dejan en claro que no se puede tocar nada.

Este es, asimismo, un espacio de pugna. Con el retorno a la democracia también estuvo en el centro de la discusión ya que el gobierno de Carlos Menem había decido demolerlo por decreto en enero de 1998 para crear un parque y un monumento por la reconciliación o de la “pacificación nacional”. Esto ocurrió en un contexto electoral y de propuestas de diputados de centroizquierda para derogar la ley de punto final y de obediencia debida, las cuales ya habían eximido de procesos judiciales a más de un millar de militares responsables de violaciones de derechos humanos4.

Pero lo anterior no se llevó a cabo. Ante diversos recursos de amparo presentados tanto por representantes del congreso como por asociaciones de derechos humanos, en octubre de 1998 el juez Marinelli declaró la inconstitucionalidad del artículo tercero de ese decreto, señalando que la ESMA formaba parte del patrimonio cultural de la nación, debiéndose preservar para la memoria de las generaciones futuras y admitiendo que la preservación del edificio de la ESMA permitirá “resguardar elementos probatorios que eventualmente pudieran conducir al esclarecimiento de las circunstancias en las que se produjeron las desapariciones”5.

¿Qué quiere decir pacificar?, ¿Cuáles serían las consecuencias de una “pacificación de la memoria” en función de la unión nacional?, ¿Se puede pacificar una memoria? Estas preguntas no solo son contingentes para Argentina. En Chile, América Latina y en muchos otros lugares del mundo seguimos escuchando en reiteradas ocasiones que ya está bueno de mirar al pasado, que eso no trae nada productivo, que hay que enfocarnos en el futuro y en el progreso, que eso es lo importante.

Pero sin justicia, tampoco podemos avanzar ni reconstruir una sociedad que sigue vivenciando la grieta de enormes y profundas proporciones que provocó la violencia y el exterminio político, además de los cambios estructurales aparejados. Aún más, considerando que paradójicamente algunos espacios de prisión política en tiempos de dictadura en Latinoamérica, como la cárcel de Buen Pastor en Córdoba (Argentina) y la prisión de Punta Carretas en Montevideo (Uruguay) se transformaron en malls o centros comerciales6

Por eso, espacios como la Ex ESMA se hacen tan relevantes para comprender las complejidades de nuestro presente, de la importancia de un tipo de memoria para ser conscientes de la responsabilidad existente en el futuro, y además, de despertar curiosidades sobre por qué esos espacios existieron y se siguen preservando.

  1. Folleto “Memoria, verdad y justicia”. Sitio de memoria ESMA. 2017. Espacio Memoria y Derechos Humanos EX ESMA. Secretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural. Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. Presidencia de la Nación.
  2. BBC Mundo. Qué es el 2×1, el polémico fallo de la Corte Suprema que favorece a exrepresores y que pone de acuerdo a Macri y Kirchner en Argentina, 10 de mayo 2017. Disponible en http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-39876510 [Fecha de consulta: 30 de agosto 2017].
  3. Folleto. Op.cit.
  4. Diario El Clarín. “Demolerán la ESMA y colocarán un monumento por la unión nacional”. Buenos Aires. 8 de enero 1998. Disponible en: https://www.clarin.com/politica/demoleran-esma-colocaran-monumento-union-nacional_0_rJklVnbyU2l.html- [Fecha de acceso: 1 de septiembre 2017].
  5. Diario La Nación. “Prohíben demoler la ESMA”. 17 de octubre de 1998. Buenos Aires. Disponible en: http://www.lanacion.com.ar/114496-prohiben-demoler-la-esma [Fecha de consulta: 1 de septiembre de 2017]. 
  6. Susana Draper. “Against depolitization: Prision-museums, escape memories, and the place of rights”, en Memory Studies, vol.8 (1), 2015, pp. 62-74.
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