La estrella de la esperanza continuará siendo nuestra

El arte es un dispositivo de no alienación #2: Una conversación con Javier Rodríguez

Un diálogo sobre arte y resistencia a partir de Anticristo (2017)

PARTE 2: Memoria y arte. Dibujo, narración y ficción.

Por: Silvio Valderrama

Continuamos con la segunda parte de esta entrevista en extenso al docente y artista visual Javier Rodriguez Pino. En esta entrega se profundizan temas como la memoria histórica, la figura del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, la guerrilla y los encapuchados en su obra, así como la tensiones entre realidad y ficción en su reciente publicación y la manera en que ésta posibilita poner en juego un imaginario gráfico que desdibuja los límites de la “realidad”.

Puedes leer la primera parte de esta entrevista aquí.

Memoria histórica y el lugar del arte 

Silvio Valderrama: Respecto de tu interés en la noción de sujeto histórico, tanto en la posición del artista como en el objeto de tu producción, ¿cómo ves el tema de la memoria histórica en Chile? Tu trabajo se relaciona estrechamente con este fenómeno. Por otra parte, hoy se pueden ver distintos esfuerzos de personas relacionada con las artes –como el, a estas alturas, mediático caso del escritor Jorge Baradit, por ejemplo- que apuntan la divulgación de contenidos relacionados a la historia y al desarrollo de la memoria histórica desde espacios que van más allá de la historia como disciplina. ¿Cómo ves el tema de la memoria histórica en lo que toca a nuestra sociedad hoy?

Javier Rodriguez: Justo ayer me reuní con el historiador Nicolás Acevedo que escribió un tremendo libro sobre el MAPU Lautaro. Me regaló una idea súper bonita. Me decía: “a mi me interesó mucho conocerte por el tema de los dibujos, ya que yo veo la historia y el asunto de la memoria, como un dibujo, porque cuando yo escribo historia es algo parecido a lo que tú haces con los dibujos”. Él me contaba que había entrevistado a varios ex-Lautaro, diciéndome: “lo que yo hago es armar un boceto de eso, ya que no hay una única versión. O sea lo que yo hago es hacer un dibujo y cuento una versión que no necesariamente es la realidad. Es mi dibujo.” Y es así como opera la memoria, continuaba, la primera operación es generar una imagen razón por la cual le encontraba mucho sentido al dibujo, a cómo éste permite construir un discurso que otras áreas no pueden.

En ese sentido, por ejemplo, ahora estaba leyendo un libro que se titula Narrar el mal de una mexicana llamada María Pía Lara y que habla justamente de la importancia del aparato narrativo para entender la memoria en relación a episodios de violencia y maldad en la Historia humana. Ella dice que contribuciones como las que habían hecho Hannah Arendt en relación al holocausto fueron importantísimas justamente por la narrativa. Por la poética y la metáfora que operan ahí. Explicaba, por ejemplo, cómo esa idea de la banalidad en el mal o el planteamiento por parte de otros autores de conceptos como holocausto o genocidio, que son conceptos que antes no existían, introdujeron una forma de entender algo que era horroroso pero que, al mismo tiempo, era indecible. No había palabra para eso. Entonces la narrativa, la metáfora, el arte en definitiva, proporcionan ciertas posibilidades de memoria que otras áreas no pueden, producto de su rigidez disciplinaria. Entonces ella le da un carácter sumamente importante al arte justamente para hablar de lo que no puede ser hablado. Dicho eso, creo que arte y memoria se relacionan de una manera importante y se necesitan el uno al otro para, por ejemplo, procesar experiencias traumáticas como Auschwitz, el holocausto o, en nuestro caso, la dictadura de Pinochet. Es así, como veo la unión entre la memoria y lo que hago.

Detalle página 31 de Anticristo (2017). Tinta sobre papel. Cortesía del artista.

SV: ¿Cómo aparece en ese sentido la figura del FPMR en tu obra? Me parece muy interesante el modo en que pones en valor con tu quehacer esta figura que, si bien quedará a juicio del lector su valoración final, sí se expresa en tu trabajo una responsabilidad a la hora de poner sobre la mesa dicha imagen. Quiero decir: creo que hay en tu trabajo un modo a la vez respetuoso y desafiante de abordar figuras como las del MIR en Revolver (exposición de 2016) o la del FPMR en Fantasma (exposición de 2014) y en el propio Anticristo, que permiten poner en valor su estatus en tanto figuras históricas. Creo que es una propuesta cuyo atractivo radica precisamente en esta idea que cruza tu trabajo de abordar el mal, la oscuridad, de estos personajes encapuchados que para una parte importante de nuestra sociedad pueden ser calificados, sencillamente, de terroristas; mientras que para otros fueron organizaciones que utilizaron la violencia política de un modo legítimo. En particular en Anticristo, además, son figuras que operan como vengadores, gesto que es radicalizado con esta idea ficcional de “la bestia”.

JR: Eso tiene mucho que ver con lo que conversábamos al principio. Con esta idea de hacer lo que uno quiere hacer. Y, ¿qué es lo que yo quería hacer cuando niño? Cómic. Muchos chicos entran a estudiar arte porque empezaron haciendo cómic. Pero cuando entras a la escuela de arte se instalan muchas limitantes, porque se supone que el arte no tiene que ser una hueá ilustrativa o narrativa. Entonces frente a eso, cuando decido hacer lo que quiero hacer es que empecé a entender que el proceso de maduración de un artista tiene que ver mucho con conocerse a uno mismo. Y eso es sumamente interesante. Muchos autores, desde Kant en adelante hablan de la importancia del conocimiento de uno mismo como uno de los principales elementos críticos que puede tener un sujeto. De hecho Foucault utiliza un concepto griego que es la hepimeleia heautou que es traducible a “el conocimiento de sí” lo cual describe como una especie de aguijón que se te inserta en la médula espinal, en tu sistema nervioso central, y que no te deja quieto más. Entonces, claro, estas son cosas que luego yo voy reflexionando y estudiando después pero que, en un inicio, surgen de una manera súper visceral y espontánea. Un ejemplo, de la persistencia de ciertas imágenes que han configurado mi subjetividad, es la del sujeto enmascarado que desafía a los “Malos”: cuando chico estaba fascinado con los superhéroes. Con el hombre araña, Batman… con mi papá dibujábamos, hacíamos los monos, nos armábamos juguetes con eso, etc. Entonces cuando entré al Peda y veo la figura de los encapuchados se me empieza a articular esa misma fascinación con el enmascarado, un enmascarado tipo Batman, que es incomprendido pero que de alguna manera tú sientes que está haciendo el bien frente a un aparato que produce maldad.

Me acuerdo, por ejemplo, que el primer trabajo que hice para la universidad fue sobre encapuchados. Me había volado la cabeza el rollo. Y después siempre estuvo presente la retórica visual del encapuchado hasta que con los trabajos de cómic salió con mayor fuerza. Como que lo vomité. Y tiene que ver toda esa experiencia de niño, donde se cruzan elementos biográficos, los contextos poblacionales en los cuales yo estaba inserto y los antecedentes de fantasía propios de un niño, de querer construir mis propios superhéroes. Y así es como surge la mirada sobre los encapuchados y luego sobre los grupos subversivos de los 60s, 80s y 90s. Más adelante, le empecé a sacar una punta más compleja, a partir de un texto de Foucault que se llama Los anormales donde el tipo de la modernidad y cómo los conocimientos jurídicos y médicos que surgieron con ella, articularon inmediatamente una “normalidad”, pero al mismo tiempo de nombrar esta normalidad, de lo que es sano, de lo que es legal, configuran su opuesto que vendría siendo el monstruo. Y al monstruo Foucault le da mucho protagonismo porque dice que es quien transgrede la ley, la viola, produciendo lo indecible, traspasando lo permitido para imaginar un mundo aun no pensado. Y desde ahí “El Frente” –su oscuridad, su imagen prohibida de terroristas, en suma, su monstruosidad– y todo estos elementos con los que yo trabajo están muy cercanos a esta idea de la anormalidad que produce un hiato en el sistema.

Detalle página 19 de Anticristo (2017). Tinta sobre papel. Cortesía del artista.

 

Historia, realidad y ficción: “El elemento de ficción me sirve para dibujar”.

SV: Me gustaría que conversáramos sobre los límites que hay entre Historia y ficción. Tú trabajaste en algún momento con la idea de los medios de comunicación y el terror desde el imaginario del cine. A propósito de lo que conversábamos y en relación a esta idea que planteaste de “conocerse uno mismo”, me da la impresión –hablo, en mi caso desde la literatura- de que hoy existe un valoración muy positiva del modo en que muchas obras abordan esta tensión entre historia (social y personal) y ficción. Creo en ese sentido que, por ejemplo, narradores importantes en el ámbito latinoamericano como Roberto Bolaño o Ricardo Piglia realizan ejercicios donde desarrollan la ficción en una relación íntima con la subjetividad y el poner en juego el “yo” en el marco de la ficción. En el caso de Bolaño se da con la idea del infrarrealismo que deviene, por ejemplo, en Los detectives salvajes, en la idea de contar su propia historia de juventud ficcionalizándola y convirtiéndola en una especie de novela de formación. En el caso de Piglia jugando con los géneros y desarrollando una nomenclatura que en algunos casos mezcla el diario íntimo con la crítica y con géneros “menores”, con la literatura popular como el policial u otros. Y así, es posible observar distintos ejemplos que han marcado el terreno que hoy la narrativa va transitando.

¿Qué te ocurre a la hora de narrar, en este sentido, con la relación entre realidad y ficción que, me parece, en Anticristo está muy patente? Te lo pregunto, precisamente, por lo sutil del ejercicio y lo desafiante que resulta. Recuerdo que lo primero que leí sobre tu libro fue una nota en El Mostrador que se titulaba “Exposición Anticristo narra la venganza del ‘guerrillero vampírico’”. Yo dije en ese momento, chucha, ¿de qué me estás hablando?¿en cuál se fue el Javier? Pero, al momento de leer el libro, resulta sumamente coherente. ¿Cómo trabajas esos límites?

JR: Claro, es en relación a lo mismo. Yo también como fanático de las películas de terror, dentro del género hay tres figuras que me llaman poderosamente la atención: la del diablo, la de la bruja y la del vampiro. Y hace tiempo yo quería hacer un trabajo con eso. Y resulta súper entretenido porque, en paralelo al avance discursivo sobre lo que se hace, vas adquiriendo, también, más herramientas técnicas para hacer aquello que imaginas. Por otro lado, hacía tiempo que quería trabajar con estas imágenes y luego de los trabajos que había desarrollado, los cuales eran más documentales, creo que su camino o su evolución natural fue irme más por el lado de la ficción. Pero combinándolo con la historia real.

Página 24 de Anticristo (2017). Tinta sobre papel. Cortesía del artista.

SV: Claro. Permíteme un paréntesis. Tú realizaste todo un trabajo de investigación que se traduce también en las entrevistas que aparecen en tus exposiciones anteriores y en Anticristo. Estas entrevistas son reales, ¿no?

JR: Sí, son reales. Algunas aparecen un poco alteradas. Algunas están citadas de manera inalterada de documentales, entrevistas que yo mismo hice o programas de televisión. Mientras que otras parten de esa base real y yo altero algunas palabras. Por ejemplo, hay una lámina donde sale una entrevista a Guillermo Teillier donde el primer globo de su diálogo es real, totalmente real, y el segundo continúa y una parte es real y otra ficción y, en el tercero, agrego unas palabras que él no dijo. Y ahí empieza a operar la ficción.

SV: Que es esta idea cuando dice: “hubo cosas que pasaron después… y es mejor que no se sepan, pero de eso no puedo hablar porque ya no era problema mío ni del PC.”

Detalle página 22 de Anticristo (2017). Tinta sobre papel. Cortesía del artista.

JR: Claro. Y ahí hago una cita a mis propios trabajos porque ahí hablo de Fantasma (2014), de cuando lo entrevisté para Fantasma. A partir de ese punto empieza a operar la ficción para poder introducir al personaje que yo quería construir para este libro. Y todo esto parte, como te decía, de que… no se trata de que a mi no me interese la Historia. Me interesa sobremanera. Pero tengo muy claro que lo que a mi más me interesa son los dibujos. Entonces ahí surge un pretexto para dibujar lo que yo siempre he querido dibujar, que son vampiros, son muertos, es destrucción, es fuego, bombas molotov, encapuchados… El elemento de ficción me sirve para dibujar.

SV: Es decir te sirve para llevar la realidad a otros terrenos, para extremarla y llevarla al abismo de alguna manera, ¿no? De eso se trata la ficción en algún sentido, me parece.

JR: Y claro, para hiperbolizar ciertas cosas. Hay una pintora que se llama Jenny Saville que hace unos cuadros que muestran cuerpos monstruosos. Con ella como ejemplo, le digo a mis estudiantes que, si bien la narrativa es importante, nunca pueden dejar de lado los elementos sensibles de un trabajo de arte, como lo materiales, los colores, etc. Y en el caso de la Jenny Saville es súper importante lo que dice en una entrevista, pues su trabajo, podríamos decir, se relaciona con una serie de problemáticas asociadas al modo en que las mujeres hoy se someten a una serie de torturas que tienen que ver con, por ejemplo, la cirugía plástica, el quirófano, etc. Pero a ella lo que le interesa es cómo esas imágenes le brindan una posibilidad de pintura que otras imágenes no. Entonces por eso trabaja con esas imágenes. Porque la imagen de la mujer operada con todas las cicatrices y mutilaciones quirúrgicas le permite trabajar la veladura, le posibilita trabajar ciertos colores, desarrollar de cierta forma la materialidad de la pintura, etc. Aquí a mi me pasa lo mismo. Esas imágenes me posibilitan un tipo de dibujo que otras imágenes no. Entonces yo me apoyo en esas imágenes, me apoyo en esas historias para dibujar lo que quiero dibujar. Es así como el elemento de ficción entra, cuando ya la foto de archivo, en términos neutrales, no me estaba posibilitando entrar a esos territorios que yo quería explorar, que son la imagen del vampiro, la del tótem, la del hueón atravesado por elementos cortopunzantes. Ahí surge para mi el interés en la ficción, más que por el impulso narrativo, por la necesidad de poder abordar estas imágenes. Por una necesidad gráfica.

Detalle página 30 de Anticristo (2017). Tinta sobre papel. Cortesía del artista.

PARTE 3 disponible aquí

También podría gustarte
Comentarios
Cargando...