La estrella de la esperanza continuará siendo nuestra

El arte es un dispositivo de no alienación #1: Una conversación con Javier Rodríguez

Un diálogo sobre arte y resistencia a partir de Anticristo (2017)

PARTE 1: Educación superior, mercado y arte

Por: Silvio Valderrama

Me encuentro con Javier Rodríguez en la galería Metales Pesados donde se exponen los originales de los dibujos que hoy conforman la publicación de su primer libro Anticristo (Ediciones Metales Pesados, 2017). Observo la exposición y no deja de sorprenderme –habiendo ya leído el libro- pues apreciar el detalle del trabajo realizado resulta sorprendente por la factura de los dibujos y el modo en que se configura una poética de la imagen que, a partir del hiperrealismo, se desborda hacia una suerte de terror de carácter fantástico.

Anticristo mezcla de un modo desafiante el documental y la ficción; el horror histórico con el horror cinematográfico. Desde allí narra lo que rodea a un episodio de profunda crueldad en nuestra historia reciente: la venganza de la dictadura a raíz del atentado a Pinochet en 1986, la llamada Operación Albania o Matanza del Corpus Cristi donde la CNI ejecutó selectivamente a militantes de Frente Patriótico Manuel Rodríguez, casos que fueron presentado por los medios de comunicación de la época como enfrentamientos. Ya desde la imagen como en su dimensión narrativa la obra presenta una tensión entre lo propiamente histórico, lo “real” digamos, y la radicalidad de la ficción. Esta dinámica aporta un punto de vista tan insólito como, a su vez, responsable en términos históricos.

Esta publicación viene, por otra parte, a coronar un proceso de trabajo de larga data en que Javier Rodríguez ha abordado desde el cómic las imágenes del mal, los medios de comunicación y la violencia política de nuestra historia reciente a partir del realismo fotográfico y el encuentro con las ciencias sociales. (Puedes revisar estos trabajos precedentes en su sitio web)

Este texto busca dar cuenta de una conversación donde intercambiamos algunas ideas en torno a el arte, la memoria, la narración, la ficción, la docencia y otros temas que rondan el trabajo del artista. Se trata de un documento de valor para todo quien se interese en temáticas a fines. Por ende, y aun con su extensión, será publicada en forma íntegra. Constará de tres partes: La primera aborda temas relativos a la educación superior, algunos datos biográficos y sobre el cruce entre el saber académico y los saberes populares en el mundo del arte; la segunda tratará temas relativos a la memoria histórica y el lugar del arte en ella, así como respecto de la ficción y su relación con el dibujo; y la tercera se centrará en las tensiones entre “alta” y “baja” cultura y en el lugar del cómic como género en la obra que nos convoca.
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Es pasado medio día y luego de dar una vuelta en busca de un café o una cerveza y ponernos al día con nuestras andanzas más recientes, volvemos al punto inicial y nos metemos a un local donde resulta cómodo sentarnos a conversar.

Comenzamos hablando de educación. Javier es profesor del ex-pedagógico, hoy UMCE, y así comienza esta conversación:

“El mercado produce una hueá muy siniestra” o el espejismo del ingreso a la formación universitaria

Javier Rodríguez: Hay que tener ojo porque finalmente es una ilusión. Eso del crédito. Porque, claro, el CAE abrió… Recuerdo, una vez, cuando hacía clases en la Universidad del Pacífico se hizo la inauguración del año académico y el rector habló de lo beneficioso que había sido el CAE en tanto había permitido que familias que no tenían acceso a la educación superior pudiesen ingresar a la universidad. Que eso era indiscutible. Y yo pensaba, claro, pero, ¿a costa de qué? De endeudamiento, a costa de esclavitud. Y lo peor de todo es que finalmente hay una hueá muy siniestra porque las universidades sobre todo privadas o, más bien, el sistema privado de universidades –que también le atañe a las universidades estatales- produce algo muy mala onda, que es lo mismo que produce la publicidad: una especie de ilusión que no todos pueden cumplir. Es como si dijesen “todos pueden entrar a la universidad hoy en día”, entre comillas, sin embargo, primero, no todos tienen habilidades para la universidad porque -puede llegar a sonar heavy- pero, por ejemplo, yo no tengo habilidad para el fútbol y por más que entrene no voy a ser Alexis Sanchez. Sin embargo, el mercado te está diciendo que todos pueden llegar a ser un Alexis Sanchez ingresando a la universidad. Pero no todos tienen habilidades. Yo tengo muchos estudiantes que no les gusta leer y eso para mi es difícil. Entonces a partir de allí se produce la deserción, y desde ahí se empieza a producir que el chico, rompiéndose el lomo, yendo en contra de sus propios intereses… por ejemplo, al chico le podría haber ido genial siendo zapatero, pero como está tan desvalorizado ser zapatero, tiene que ser ingeniero en zapatos. Supongamos, entonces, que este chico logró terminar la carrera. Pero luego, para continuar, debe seguir el camino de la élite, que tiene que ver con posgrados –posgrados en el extranjero-, y acceder a espacios de poder que para él están prohibidos. Entonces yo creo que ahí opera una hueá muy siniestra porque, al final, sigue siendo una élite. Eso sí, hay colados. Desde mi punto de vista tú eres un colado, la Caro (Carolina Olmedo1) es un colado, con el Pancho (Francisco Rodríguez2) somos hasta cierto punto colados porque no podemos desconocer nuestro origen

Silvio Valderrama: O sea, yo creo que sin duda son colados también. Porque, claro, ustedes son hijos de profesionales, pero dentro de una escala de profesionales precarizados. Es decir, hijos de profes, siendo los profesores una figura bien particular en ese sentido, una suerte de letrados proletarios, de alguna forma. Quiero decir: nosotros éramos prácticamente vecinos (en el límite de Macul y San Joaquín).

JR: Bueno, ahí se da una situación interesante. Ya que la familia de mi papá era una familia universitaria. O sea, mi abuelo estudió en la universidad, mi bisabuelo estudió en la universidad y esa hueá en Chile era imposible si no venías de un espacio privilegiado. Y mis papás caen en ese barrio porque mi mamá pensaba que ese barrio iba a ser clase media, clase alta para los estándares de la época. Que ese barrio iba a ser Ñuñoa. Entonces cuando llegaron mis papás las poblaciones que habían alrededor no estaban. El Esfuerzo, por ejemplo, apareció posteriormente a raíz de una toma de terreno y luego aparecieron todas las otras poblaciones. Entonces muchas personas compraron casas ahí pensando que iban a ser la típica clase media pero se terminó llenando de poblaciones. Entonces yo tenía amigos que sus papás eran gerentes de un banco que tenían un descapotable y tenía otros amigos que sus papás eran verduleros.

SV: Claro. Ahí yo hago el contraste con lo que ocurre en Argentina. Con esta noción del barrio donde todo se mezcla y que acá no existe. O bien, yendo al punto anterior, y motivo por el cual siempre he sido partidario de la educación gratuita, cuando acá dan este argumento de que “para qué otorgar educación gratuita a personas que no van a terminar esas carreras”, yo digo, bueno, pero no importa. Porque pasar, aunque sea por un periodo mínimo por la universidad, creo que sí te aporta algo y de algún modo de abre la cabeza, sobre todo en el campo de las artes y humanidades. A mi me da la impresión, en ese sentido, de que por ahí va el hecho de que muchos de nosotros nos sorprendamos al cruzar la cordillera de que allá no es necesario que tengas un máster, ni siquiera un pregrado, para ser una persona medianamente culta. Cosa que en este país no pasa. Se trata de un asunto relacionado con la cultura, con el acceso al saber.

Detalle página 15 de Anticristo. Tinta sobre papel. Cortesía del artista.

 

El arte y la cultura de masas: “si vamos a estar haciendo cosas para que las entendamos solamente nosotros, de verdad que para mi no tiene ningún sentido.”

SV: Ahí es donde yo me hago la pregunta sobre cómo dialogan la “alta” y la “baja” cultura. Ya que en la universidad se desarrolla un saber que no es para todos y que, muchas veces, es cierto, tampoco tiene que serlo. Sin embargo, este saber está dialogando permanentemente con otros saberes que no le son propios –y esto se da mucho en el caso del arte, a mi parecer- y que son, en cambio, propios de las clases populares. Ahí existe un cruce que me parece muy interesante y donde cabe la pregunta sobre cómo realizamos ciertos ejercicios o búsquedas que permitan que el pueblo, la clase trabajadora, pueda acceder también al saber y, a su vez, se apropie de ellos, pues también le son propios. Por ahí pasa, en cierta medida, el espíritu del proyecto Populárica.

En esa línea, por ejemplo, cuando leí tu libro y, en particular, el texto introductorio de Carolina Olmedo, me da la sensación de que se trata de un trabajo que, sin renunciar a la complejidad o a la profundidad de la expresión, sí logra un lenguaje que es posible abordar no sólo desde el ámbito académico. Ahí surge un punto que me parece importante abordar a en relación a Anticristo: Cómo tú, que te sitúas también ámbito académico del arte (como artista y docente), te has vinculado con ciertas experiencias que desbordan este espacio. En particular, con relación al libro, que desbordan el espacio del museo a la hora de trabajar con un género, una forma, mucho más cercana a la cultura de masas como es la del cómic. ¿Qué te ocurre a la hora de pensar en ese cruce?

JR: Es justamente lo que me interesa. Yo creo que la experiencia te va haciendo unir de manera intuitiva cosas que a veces, racionalmente, no piensas. Creo que eso tiene que ver, muchas veces también, con los niveles de maduración de un artista. Yo me acuerdo que, durante harto tiempo, traté de convertirme en “artista contemporáneo”. Entonces hice un montón de cosas y dejé de dibujar, por ejemplo, cómic, que era algo que siempre había hecho desde chico. Y un día me di cuenta que esto, el arte, a diferencia de otros trabajos, es para disfrutarlo en tanto espacio de libertad y utopía que es. Es decir, hacer arte es un dispositivo de no alienación. Pero muchas veces, yo mismo también, ves que los artistas contemporáneos están súper alienados dentro del propio arte. Finalmente pasa que el arte te oprime. ¿Por qué? Porque estamos preocupados de meternos en el círculo, en el circuito, y se empiezan a hacer trabajos que están muchas veces muy desligados de la propia subjetividad. Y eso yo racionalmente lo entendí, pero no podía darle una salida. Entonces la única llave fue decir: voy a hacer lo que quiero hacer y filo. Si el arte me pesca, bacán, si no me pesca, no tan bacán, pero me voy a morir haciendo lo que yo quiero.

Esto es lo que yo les digo a mis estudiantes: hagan lo que hagan, si lo hacen de manera honesta, les va a ir bien. No en el sentido del “éxito”, sino que les va a ir bien consigo mismos. A mi me gustan los trabajos de los artistas cuando logro ver que hay un sujeto detrás, cuando reconozco una identidad y, por ende, una opinión, una voz distinta. Y esto cuesta porque muchas veces cuando vas a exposiciones lo único que ves es como un catálogo de la Taschen. Como una especie de código global, una fórmula. Entonces fue así como llegué al asunto de los cómic. Ahí se me abrió una puerta gigante y ahí empecé a cachar la segunda parte de esto, es decir, cómo este trabajo a mi me permite dar mi opinión ante el mundo especializado, y es acogido por el mundo especializado, pero al mismo tiempo es súper bien acogido por el mundo no especializado. Y ahí para mi esta cosa cobra sentido, ya que creo que si vamos a estar haciendo cosas para que las entendamos solamente nosotros, de verdad que para mi no tiene ningún sentido. Ninguno. Entonces creo que en esta dirección no solamente el trabajo, sino también el formato, la publicación permite justamente que esto llegue a distintos públicos. Por ejemplo, ahora la editorial tiene todo un programa de distribución en distintas librerías, donde van a poder acceder a este trabajo personas que no están familiarizadas con el arte, que no conocen la galería y que jamás hubiesen conocido este trabajo si no fuese por el formato libro.

Entonces lo que tú planteas a mi me hace mucho eco en tanto que mi propia, digamos, pequeña emancipación del sistema del arte produce, al mismo tiempo, una especie de fisura del campo del arte. Esto permite que una cierta mirada crítica llegue a sectores que a lo mejor no hubiese llegado por otra vía. Y ahí es cuando para mi esto toma sentido. Esta es la razón, además, de por qué últimamente casi no leo sobre arte y casi no voy a exposiciones. Me aburren. A las únicas inauguraciones que voy son a las mías y a las de mis amigos porque, en general, me aburren. No así, por ejemplo, la Historia o relacionarme con gente como tú, con historiadores, sociólogos, etc. Me parece mucho más entretenido. Estar en conversaciones con artistas y hablar solo sobre arte es latero, me aburre, en cambio conversar contigo o con algún historiador me permite hablar de los temas que a mi me interesan. Y, bueno, como tengo alguna preparación en el campo del arte, de lo sensible, creo que se pueden generar cruces que son súper entretenidos y que, al mismo tiempo, a la Historia le sirven. Por ejemplo, la rigidez de la Historia, la rigidez de las Ciencias Sociales, al meterle estos elementos sensibles, estos elementos de la imagen, creo que también sirven para historizar y producir Historia de una manera diferente al modo en que se ha estado produciendo Historia hasta el día de hoy. Esta es una obsesión que a mi me venía desde chico. Yo me acuerdo que cuando entré a la Universidad le decía a una profesora: yo soy capaz de emocionarme con una película, soy capaz de emocionarme con una canción, pero no con un trabajo de arte. Y ella me decía: es que yo sí puedo. Y yo a raíz de eso decía: pucha, quizás estaré en el lugar equivocado, a lo mejor no soy lo suficientemente “artista” o lo suficientemente sensible, porque nunca, nunca… miro las hueás y… he estado frente al Guernica muchas veces y lo que más me llama la atención es ver la parte de atrás de la tela, el canto de la tela, y ver que está como roñosa. Me interesa más el paso del tiempo. Por mucho tiempo sentí que quizás no tenía la sensibilidad del artista. Pero cuando caché que finalmente no hay fórmula y que el arte justamente se trata de eso, de encontrar otras salidas, otras miradas, caché que ahí yo tenía un espacio.


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Detalle de la página 13 de Anticristo (2017). Grafito sobre papel. Cortesía del artista.
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PARTE 2 disponible aquí..
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  1. Carolina Olmedo es la autora del primer y notable texto introductorio del libro Anticristo. Pueden leer una adaptación del texto que Carolina leyó en la inauguración de la exposición en el siguiente link: http://www.redseca.cl/anticristo-de-javier-rodriguez-pino/
  2. Francisco Rodríguez, hermano de Javier, es también artista visual. Se encuentra hoy desarrollando una notable producción en Londres. Pueden observar su trabajo en su sitio web: http://franciscorodriguezpino.com/
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