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El arte es un dispositivo de no alienación #3: Una conversación con Javier Rodríguez

Un diálogo sobre arte y resistencia a partir de Anticristo (2017)

PARTE 3: “El arte está tomado por el mercado”  y sobre el cómic como género.

Por: Silvio Valderrama

Finalizamos esta entrega de nuestro encuentro con el artista y docente Javier Rodríguez Pino donde repasamos, al calor de su obra, distintos temas de interés en torno al arte y la memoria histórica en nuestro país. Este último fragmento aporta algunas reflexiones respecto del modo en que el arte se encuentra tomado por el mercado, la importancia de la subjetividad de los artistas en la producción de sus obras y sobre el modo en que Javier trabaja con el género del cómic.

Puedes revisar aquí la primera y la segunda parte de esta entrevista.

 

“Alta” y “baja” cultura. La importancia del Peda y el arte tomado por el mercado

Silvio Valderrama: Me gustaría que redondeáramos un tema: ¿Cómo toca a tu trabajo y a tu formación la tensión entre “alta” y “baja” cultura?

Javier Rodríguez: Creo que en ese sentido ha sido muy importante mi experiencia como profe en el Peda. Me pasa que siempre he tenido y sigo, por ejemplo, teniendo una distancia muy grande con los museos. Cuando voy de viaje, por ejemplo, no me siento tan atraído por ir a un museo. Me gusta ir a bares, a comer, caminar por los lugares, pero siento que ir a un museo es algo que me quita tiempo para lo otro. Antes esta conducta yo lo ocultaba, pues me decía “no puede ser esto”. Pero ahora que entiendo mejor algunas cosas, lo acepto sin mucho complejo. En ese sentido, para mi eso es muy importante: pelearle a esa imposibilidad del arte de penetrar en el tejido social, cuando realmente el arte es un dispositivo de conocimiento que produce transformación. Es un espacio de negatividad como diría Adorno, en tanto que siempre está negando el sistema, que siempre debería estar en contra del sistema de dominación. Y eso, de alguna manera, hace del espacio del arte el espacio de la utopía. Es el espacio donde tú puedes pensar lo impensable, lo inimaginable. Dicho eso, a mi siempre me llama la atención cuando dicen “no, es que los encapuchados son utópicos”. Pero, hueón, de eso se trata. Estamos en un espacio para pensar la utopía, porque sino me pongo a trabajar en otra cosa y, al menos, gano plata. Y ese debería ser el espacio del arte. Sin embargo creo que el arte está tan tomado por el mercado que finalmente se está preocupando de otras cosas. Y es ahí desde donde surge, quizás, esa diferencia que tengo con los museos, al lenguaje especializado, etc.

Volviendo al tema del trabajo en el Peda es que yo he entendido que nosotros tenemos como Universidad un saber, “el saber”, con todo el peso que eso tiene. Me acuerdo de una reunión en la que un profe encontró inaudito que un chico de primer o segundo año no conociera a Joan Miró. Yo pensé, claro, puede ser malo que un estudiante de arte no conozca a Joan Miró, pero también es malo que el profe lo considere inaudito. Porque ese estudiante viene con otra experiencia que puede ser igual o más sensible que un cuadro colgado en un museo. Y eso me parece súper interesante, que esas experiencias las lleven a la Universidad y que las compartamos, las pensemos y las complejicemos.

Página 55 de Anticristo (2017). Lápiz pitt blanco sobre papel negro. Cortesía del artista.

Yo hice un electivo en la universidad que lo llamé “Arte y subversión” y lo primero que les decía a los chiquillos era que esta iba a ser una asignatura en la que de lo que menos íbamos a hablar era de arte. Entonces les entregaba una bibliografía y les decía: aquí hay dos libros que conducen a caminos totalmente distintos. Hay un libro que es de Sarah Norton que se llama Siete días en el mundo del arte que analiza la relación entre arte y mercado, por ejemplo si tú quieres ser artista, a nivel internacional, lo que tienes que hacer es pasar por un montón de etapas determinadas por el dinero como ingresar al máster en la escuela de arte de California que sale cien mil dólares al año. ¿Quién puede estudiar eso? La gente que tiene plata. Y así sigue, analiza las subastas, las galerías, las ferias etc. La conclusión final es que todo el arte está sujeto a un asunto de dinero, cuando el arte debería ser un dominio de la vida que no estuviera determinado en su totalidad por éste. Hay un documental cuyo nombre en este momento no recuerdo, creo que se llama La gran burbuja del arte contemporáneo, donde aparecen grandes millonarios a nivel mundial y dicen una frase que a mi me pareció terrorífica. Dicen que cuando entre ellos no pueden competir por quién se compró el último avión o el último yate, entonces lo que hacen es comprar arte. Y ahí tú te fijas que lo que están haciendo estos hueones es, con su criterio, determinar lo que es arte y lo que no. Y esto, como en la dinámica del chorreo, llega de alguna manera a Latinoamérica y específicamente a Chile, por ejemplo, con los libros de la Taschen como Art Now. Entonces, yo veo que en las escuelas de arte los estudiantes terminan pintando cosas de ese tipo y desapegándose totalmente de sus experiencias, muchas de ellas experiencias populares, poblacionales, y terminan por ejemplo… me acuerdo que yo le decía al Pancho (Rodríguez): vas al taller de pintura y ves a chicos pintando osos polares y figuras azules con un imaginario nórdico, frío. Y tú ves que en la Chile o en el Peda lo único que tienen es un peladero ocre, lleno de paja… Es raro. Entonces lo que están haciendo estos chiquillos es renunciar a su subjetividad, a ellos como seres humanos.

Por otro lado les mostraba a los chicos de la asignatura, como te decía, un segundo libro que se llama Formas de vida. El arte moderno y la invención de sí de Nicolas Bourriaud y que habla de que lo más importante en el arte es la vida, la vida misma. Y ese libro es capital porque de lo que habla es de que el arte en su sentido emancipador no tiene que ver con la especialización, sino que tiene que ver con la vida. Entonces en la asignatura lo que le decía a los chiquillos, antes de contarles nada, era: anoten en un papelito un deseo. Lo que más quieran hacer en la vida; anótenlo. Y anotaban alguna cosa. Ya, pero de verdad, les decía yo, un deseo, no se preocupen por nada, solo escriban un deseo. Y ahí una chica decía: “siempre quise tener una banda y tocar con mi banda.” Otra chiquilla decía: “no, yo siempre me he querido tirar en paracaídas.” Y así, etc. Todos contaban sus deseos, nos reíamos. Y ahí yo les decía, ya po, el curso se aprueba con el cumplimiento del deseo. Nunca había visto, Silvio, a personas más felices en mi vida como por ejemplo a la mina que se tiró en paracaídas. Y eso, en parte, es el arte, en tanto posibilidad de no hacer lo que el sistema te dice que tienes que hacer. Y está en ti hacer eso. Entonces para mi ahí resulta súper importante esto que tú me dices del cruce entre la “alta” y la “baja” cultura porque justamente te dicen “esto es el arte” y “esto es lo que se tiene que hacer” cuando, finalmente, los chicos no están obedeciendo a sus necesidades, a sus experiencias, a sus contextos y a sus imaginarios. Yo con ese curso comprobé esa cuestión. Y ahí, me parece, que los chicos comprendieron lo que era arte. Entonces cuando tenían que volver a sus talleres de producción de obra eran capaces de pararse con el profesor y decirles “sabe qué, yo no quiero hacer esto. Yo quiero hacer esto otro. Y tengo una metodología para hacerlo”. Y ahí lograban articular trabajos que tenían más relación consigo.

Página 59 de Anticristo (2017). Lápiz pitt blanco sobre papel negro. Cortesía del artista.

 

El cómic como género: Joe Sacco y “esto es lo que yo quiero hacer”

SV: Bueno Javier, para ir cerrando, quería preguntarte sobre el género. ¿Cuál es tu relación con el cómic?, ¿Estas leyendo cómics? ¿Cómo te relacionas con la construcción del proyecto en la clave del género?

JR: De una manera súper amateur. Mira, yo no leo mucho cómic…

SV: Quiero decir, la dinámica del género –a la luz de la cultura de masas, precisamente- no es si no repetición de una fórmula, ¿no? Entonces, te lo pregunto ya que a la hora de leer Anticristo me quedé con la sensación de que a pesar de ser una obra cruzada por muchos elementos y que se articula desde las artes visuales por tu formación, si uno lo leyera como un cómic “propiamente tal”, digamos, funciona a mi juicio bastante bien.

JR: Yo no cacho nada, del ámbito técnico, de los cómic. Siento además que es un mundo súper cerrado. Y, además, me da la sensación que, a veces con mucha razón, con prejuicio hacia los artistas visuales. Entonces nunca me he relacionado mucho con los comiqueros. Por otro lado, a mi tampoco me llama mucho la atención leer cómics. Debe ser por mi experiencia como artista visual que los cómic los veo, no los leo. No he leído un cómic desde muy chico, a diferencia de un fanático de los cómic que, imagino, los lee con devoción. Creo que en mi encuentro con el cómic fue súper determinante una experiencia que tuve en una residencia en Beirut en que me encontré con un cómic de Joe Sacco y dije: hueón, esta es lo que yo quiero hacer; se puede hacer estas cosas. Entonces ahí yo empecé a cachar el desarrollo que tuvo el cómic que yo, la verdad, no lo conocía.

Página 26 de Anticristo (2017). Tinta sobre papel. Cortesía del artista.

SV: Como esta noción de la novela gráfica que hoy esta pegando fuerte, ¿no?

JR: Exacto. La noción de novela gráfica parte, más o menos, en los años setenta con un cómic súper particular que es Maus. Y lo que hace la novela gráfica es complejizar cierta operatividad desde el cómic y que produce una capacidad poética de mayor alcance crítico que el cómic como se conocía hasta el momento. Y a partir de ahí ha habido un montón de experiencias. No obstante al bajo conocimiento técnico, yo busco mucho, busco a algunos autores. Compro sus cómics, pero la verdad es que no los leo, más bien los miro. Me gusta ver los dibujos. Por ejemplo de Joe Sacco tengo tres libros grandes y nunca me he sentado a leerlos. Pero sí miro los dibujos. Los veo y los veo. Ahora estoy pegado con un comiquero ruso que es bacán. Se llama Nikolai Maslov y el hueón narra su experiencia en la Rusia postsoviética, una Rusia hundida en el alcoholismo… Y sus dibujos son la raja, con diálogos muy precisos, muy cortos. Y así yo voy viendo. Pero, como te digo, yo no me siento un autor de cómics y no sé mucho, tampoco o sea, yo no podría dar una clase de cómic porque con suerte sé que es una viñeta y los globos que son de dónde salen los diálogos, pero imagino que deben haber muchísimas cosas mas que no sé. Ahora, eso me ayudó mucho, ya que si bien yo no tengo mucha experiencia, personas expertas en el mundo del cómic se han acercado a mi por mi trabajo. Y ahí está, por ejemplo, el Carlos Reyes que es el dios del cómic aquí en Chile, él es el editor de Feroces Editores. Y una vez él me dijo: “para hacer películas lo que más tienes que hacer es ver películas, entonces con el cómic es lo mismo.” Entonces le gustó esa operatoria que tenía yo a raíz de no saber nada de cómics. Y en ese sentido creo que mis referencias son mucho más cinematográficas e históricas. Esas son mis referencias principales: la historia, sobre todo ligada a hechos de violencia política en Chile, la filosofía y el cine. Y en materia de imágenes el cine cumple un rol clave. Es como si estuviera todo el tiempo tratando de hacer una película. Y así, siguiendo la idea de los deseos que te comentaba a propósito del curso, creo que en algún momento voy a querer hacer una película. Digamos, ese sería mi deseo. Y, claro, la película no la hago porque yo acepto quien soy y soy un hueón súper pajero y para hacer una película necesitas presupuestos millonarios, equipos millonarios, mover a gente… y yo para eso no sirvo. Entonces creo que no la voy a hacer nunca y ahí es donde el cómic me acomoda mucho porque soy solamente yo y mis dibujos, sencillamente. El cómic satisface en algún sentido mi necesidad de hacer una película.

Detalle página 21 de Anticristo (2017). Tinta sobre papel. Cortesía del artista.
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